La importancia de la educación afectivo sexual

En una sociedad cada día más evolucionada, según dicen, encontramos diferentes brechas que surgen a raíz de las diversas necesidades de las personas a actuar y disfrutar libremente de la vida. Es ahí donde encontramos esas dos caras, esa hipocresía social que resuena y hace eco en cada consciencia reprimida y en aquellas en proceso de apertura. Es en ese punto dónde encontramos la concepción de la sexualidad humana, el contenido del goce y el imperativo marcado de lo normativamente aceptado y lo que no lo está. Ese universo de posibilidades en el que reprimimos una de nuestras condiciones más primarias; la experiencia de la satisfacción.

Qué decir a esto sino gracias, por supuesto, a nuestro legado religioso, por hacernos partícipes de una sociedad anclada en la imposición decadente del concepto de decencia como sinónimo de bondad y donde se instiga a delegar el placer a los ámbitos más íntimos y a mantener esa alexitimia social tan valorada.

Llegados a este punto, convendréis conmigo, que es complicado potenciar la inteligencia emocional tan diferencialmente importante en una estructura social dispuesta como la actual: se pretende arbitrar todos aquellos procesos naturales, condicionar todo aquello que se debe explorar y conocer, y por si fuera poco, potenciamos la individualidad dentro de la misma interacción humana.

Es por eso que nos encontramos, muchas veces, ante un abismo de sensaciones, emociones y deseos que no llegamos a gestionar, reconocer y mucho menos experimentar a causa de esa presión social llamada de muchas maneras: educación, política, formación, política, entorno, política, cultura, política y prejuicios, muchos prejuicios. A todo ello, vamos a sumarle, el vivir en una sociedad patriarcal que pide desesperadamente el empoderamiento de la mujer en todos los ámbitos, sobre todo, en el sexual.

De ahí nace nuestras ganas de investigar, explorar, aplicar y difundir todos aquellos conocimientos, herramientas y experiencias que ayuden a mejorar la educación afectivo sexual de las personas.

Entendemos a las personas como seres que se comunican erótica y sexualmente desde el nacimiento y, por lo tanto, creemos en la educación y acompañamiento de ello, sobre todo, en las primeras etapas de vida. Consideramos imprescindible una buena educación afectiva y sexual desde los primeros años de vida para poder relacionarse de manera sana, diversa y equilibrada, porque realmente “Hacer educación sexual es suscitar elementos de cultivo” (Amezúa, 1973). Es por ello por lo que seguimos y seguiremos trabajando por la diversidad, los derechos sexuales y la educación afectiva y reivindicando esos espacios durante todas las etapas de la vida de las personas a nivel familiar, escolar, etc.

Y dicho esto, creo importante aclarar que esto no es más que un llamamiento a la cordura, una invitación a la reflexión sobre la manera de relacionarnos con nuestro cuerpo y con las demás personas. Una llamada de auxilio a vuestros deseos y fantasías y la fervorosa demanda de respetar las ajenas.

Nerea Ortega
Trabajadora Social, Educadora Social, Sexóloga y colaboradora de Sex Academy Barcelona.

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