¿Por qué fingimos los orgasmos?

Os habéis preguntado alguna vez… ¿Cuáles son las razones que nos llevan a fingir los orgasmos? O tal vez… ¿Os produce más curiosidad saber si de verdad son tan fáciles de simular? ¿Mienten más los hombres o las mujeres? Y, aun más importante… ¿Habéis fingido alguna vez alguno?

Antes de empezar a analizar estas cuestiones sería importante definir qué es exactamente un orgasmo… Y, para hacerlo, lo primero sería eliminar la palabra “exactamente”, ya que no significa “exactamente” lo mismo para tod@s ni se manifiesta de la misma manera.

En términos generales, podríamos resumir el orgasmo como el momento de máximo placer experimentado durante la relación sexual. Sería el momento cumbre, ese momento en que sabemos que no podemos sentir algo más intenso, en el que no podemos ir “más arriba”. Es el momento en que liberamos toda la tensión mental y muscular que hemos ido acumulando a lo largo de la excitación previa. Y, según Masters y Johnson, correspondería a la última fase de respuesta sexual.

Entonces…

¿Son fáciles de fingir?

Si nos basamos en la demostración de Meg Ryan en la película Cuando Harry encontró a Sally, la respuesta sería afirmativa. Pero vayamos más allá de la demostración visible de la conducta.

La manera en que cada un@ expresamos la emoción experimentada durante el orgasmo varía en función de la personalidad, del momento, de la compañía sexual, del lugar, del estado de desinhibición en el que nos encontremos… y cada uno de estos factores puede dar lugar a orgasmos expresados con gritos, lágrimas, carcajadas o con el silencio más absoluto.

Sería un gran error asociar el disfrute al grito. Y, aunque es cierto que muchas veces van de la mano, no son la única ecuación posible. Las películas pornográficas tienen parte de culpa en esta creencia generalizada, ya que cuantos más gritos, gemidos y expresiones exageradas se dan, mayor es el orgasmo y el disfrute representado por los actores.

Así pues, si nos basamos en este estereotipo de la expresión de sonidos, especialmente de imperativos (sigueee sigueee, ¡No pares!) y de todo tipo de adverbios (afirmativos (sí sí síiii), de lugar (¡ahí ahí!), de modo (así así…) y temporales (¡yaaaaa!)…), la respuesta sería, sí, pueden ser fáciles de fingir.

Pero no hay que olvidar que el cuerpo está involucrado en el acto y éste ya no es tan fácil de controlar, a nivel de sistema nervioso.

A nivel físico, en ambos sexos, las pulsaciones cardíacas y la respiración llegan a su máxima frecuencia e intensidad, se produce una gran tensión muscular y se dan contracciones involuntarias de las zonas genitales (pene, músculos vaginales y útero) y de las zonas perineales y anales. Se pueden observar también varios enrojecimientos en determinadas zonas de la piel y una dilatación pupilar. Y esto ya es más difícil de fingir o autoprovocarse…

Además, fisiológicamente hablando, podríamos afirmar que en los hombres sería aun más complicada esta opción, ya que la eyaculación se produce muy pocos segundo después de sentir el orgasmo, así que, a no ser que el hombre en cuestión esté muy entrenado en el reflejo eyaculatorio y pueda frenar esta acción sintiendo la sensación pero controlando la expulsión del líquido seminal, o que se produzca una eyaculación retrógrada (el líquido seminal no se expulsa por la uretra, normalmente se dirige a la vejiga y puede expulsarse más tarde durante la micción, por ejemplo), sería más complicado fingirlo. Sin olvidar, que puede ocurrir que el hombre eyacule y, en cambio no haya sentido ningún tipo de placer.

En las mujeres, al tener los órganos genitales más internos, es más difícil, pero no imposible,  poder apreciar si el orgasmo es real o no, ya que no todas las mujeres eyaculan o lubrican de la misma manera. Así que ellas lo tienen más fácil a la hora de mentir y por esa razón, también lo hacen más.

¿Por qué se finge?

En una relación sexual, donde la finalidad debería ser el disfrute de todo el acto en sí, no simplemente del momento del orgasmo, lo ideal sería no fingir, ya que de esta manera no estamos indicando a nuestr@ compañer@ sexual lo que realmente nos gusta, cosa que juega en nuestra contra. Pero aun así, lo seguimos haciendo. ¿Por qué?

Los motivos por los que fingimos los orgasmos son muy diversos:

  • Por cansancio: Nosotr@s ya hemos tenido un orgasmo (o no) y nos apetece acabar. Fingir es darle a la pareja la señal para indicarle que termine. Le damos permiso para terminar.
  • Por aburrimiento: Exactamente igual que el punto anterior, pero en lugar de estar cansad@s, estamos aburrid@s.
  • Para evitar la frustración de la pareja: Aunque la razón de fondo sea bienintencionada, nos estamos cargando la sinceridad, lo cual aun es peor si es una pareja de largo recorrido. Con la simulación orgásmica, nuestro compañer@ creerá que nos está estimulando bien, lo cual reforzará su conducta positivamente, pero lo que conseguiremos es que nos estimule siempre de esa manera que, en el fondo, no es la mejor para facilitarnos el orgasmo.
  • Por inseguridad propia: Queremos quedar bien frente a la persona con la que estamos teniendo sexo y demostrarle que podemos dominar perfectamente la consecución de nuestro orgasmo. Y aunque no sea así, lo representamos. Un gran autoengaño.

 

Y ahora viene la pregunta importante: ¿Habéis fingido un orgasmo alguna vez?

Si lo habéis hecho, plantearos el motivo. Y pensad si es una situación puntual o de más largo recorrido. La razón del engaño os dará las pistas para poder ponerle remedio, ya que lo más importante en una relación sexual es disfrutar y si no lo hacemos, lo mejor para nosotr@s mism@s es encontrar la dificultad y ponerle solución.

 

Mejorar la autoestima, la asertividad y la comunicación sexual son las herramientas básicas.

¡Vivan los orgasmos reales y sentidos!

 

Luana Salvadó. Psicóloga, sexóloga y formadora de Sex Academy Barcelona.

 

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