Reseña: Taller de Masaje Erótico

Antes de llegar al taller me encontraba entusiasmada y nerviosa a la vez, con ganas de aprender sobre erótica y sexualidad, y al mismo tiempo intranquila. ¿Qué significará la erótica para las personas que asisten a este taller? ¿Estaré cómoda hablando de estos temas con personas que no he visto nunca? ¿Será teórico o más bien práctico? ¿Será un ambiente íntimo o habrá una gran cantidad de personas?

Bueno, una vez ya sentada en la sala pude responder a muchos de mis interrogantes. Era un grupo de unas 15 personas muy diverso, había personas que habían venido sin pareja, parejas heterosexuales y homosexuales, de todas las edades, hombres y mujeres por igual… Al principio, el ambiente estaba un poco tenso, lo que era de esperar, pero a medida que Laia Pajuelo, la encargada de impartir el curso, fue introduciéndonos en el tema que nos convocaba, se podía a preciar como todos nos relajábamos.

Empezó el taller con una aclaración que me pareció necesaria. ¿Qué es el erotismo? De entrada nadie se atrevió a contestar, pero una chica se atrevió a romper el hielo refiriéndose a él como “lo que nos despierta el deseo”. Todos estuvimos de acuerdo, luego Laia profundizo aún más en esta palabra, dándonos a entender que cada uno de nosotros vivimos el erotismo de forma particular. Experimentamos diferentes gustos, ritmos, fantasías, sensibilidades, etc.

A continuación, Laia realizó una pequeña psicoeducación con respeto a la sexualidad, reforzando la idea de que cada uno de nosotros disfrutamos de diferentes caricias, contextos, parejas, etc. Que dentro de la sexualidad no existía lo bueno o lo malo, sino lo placentero o displacentero. Habló sobre la importancia de la comunicación entre la pareja, a aprender a comunicar lo qué nos gusta y también a poner límites a lo qué no nos gusta. La idea general era entender que no existían pautas concretas para la sexualidad. Cada pareja es diferente y se disfrutan cosas distintas, lo importante es saber que nos gusta a nosotros y como poder comunicarlo a la pareja.

Nos preguntó si nos gustaba más recibir o realizar los masajes. Algunos opinaron que preferían recibirlo y otros realizarlo. Hasta está parte el taller fue teórico y la verdad, lo disfrute mucho. Cada tema que se comentaba me parecía interesante y necesario para poder disfrutar de una sexualidad sana y sin tabúes.

En la segunda parte del taller, Laia invitó a uno de los participantes para que se recostará en la camilla que se encontraba frente a nosotros y así, poder demostrar las diferentes técnicas del masaje erótico, sin antes preguntarnos sobre los elementos que cada uno creía necesarios para crear un ambiente erótico. Se nombraron velas, flores, inciensos, música, luz tenue, entre otros, Laia comento que a nivel general los hombres disfrutan más y sienten más deseo por la vista y las mujeres más por la audición. Sabiendo esto, deberíamos intentar jugar con estos sentidos a la hora de realizar un masaje erótico para un hombre o para una mujer.

Una vez que se aclarado en que consistía un ambiente erótico para cada uno y los elementos que se podían utilizar, ya sea teniéndolos por casa o comprándolos si se quería. Invitó a una voluntaria (que había sido madre recientemente) a que se acostará en la camilla de masaje. Le pidió que eligiera el aceite con el olor que más le gustara y procedió a explicar una serie de técnicas, para las cuales no era necesario seguir un orden estricto pero si disfrutarlo. Mientras mostraba las técnicas las parejas practicaban entre ellas en las piernas y en los brazos y los que acudieron al taller solos, practicaban con su propia pierna.

Se creó un ambiente bastante cómodo, alegre y juguetón, donde a cada comentario o duda que surgía se iniciaba una conversación entre el grupo, lo que ayudó a que no quedarán dudas sin responder o conocimiento sin entregar.

Finalmente, Laia explicó una  de muchas maneras de terminar el masaje erótico, agradeció la asistencia y pidió que apuntáramos nuestro mail para recibir el dossier con la información entregada en el taller. tanto de la psicoeducación, las técnicas de masajes y algunos tips para los implementos. Todos nos fuimos animados, habíamos pasado una excelente hora y media aprendiendo sobre sexualidad y sus infinitas posibilidades. Una de las tantas cosas que me gustó de este taller fue la idea de entender que el sexo no se centra simplemente en los genitales, todo el cuerpo es sexual. El sexo abarca desde las miradas, las caricias, los sonidos, olores y la piel en toda su extensión. De hecho, una de las reglas para hacer un buen masaje erótico es no tocar los pechos o los genitales, para así dejar entrar la sensualidad en la relación sexual.

 

 FERNANDA LLANEZA RIVERA

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